Sueño, hambre a deshora y cansancio serán los 3 signos de estos primeros días tras el habitual cambio de hora de otoño. Especialmente el primer día de trabajo, tras el nuevo “horario de invierno”, se hace más cuesta arriba de lo normal para un lunes. Aunque hemos tenido unas horas para acostumbrarnos, aún necesitaremos varios días más para que nuestro cuerpo se adapte al nuevo horario.

Pero, ¿cuál es el origen del cambio de hora?, ¿realmente compensa energéticamente (económicamente)?, ¿es perjudicial para nuestra salud? A estas y otras cuestiones vamos a tratar de dar respuesta según analiza la web eltiempo.es

Orígenes del cambio de hora

Fue el inventor (y político) Benjamín Franklin el primero que propuso algunas medidas, entre ellas el cambio de hora, para ahorrar energía adaptando nuestra vida al horario solar.

Pero el cambio de hora no se tomó en serio hasta la 1ª Guerra Mundial, cuando Alemania optó por reducir el número de horas de iluminación artificial para ahorrar un carbón que luego utilizaría en actos bélicos. No pasó mucho tiempo en que aliados y enemigos copiaran esta estrategia en sus países.

Sin embargo, tras la 2ª Guerra Mundial no se volvió a cambiar la hora hasta la crisis del petróleo de 1974 que obligó a buscar medios de ahorro energético desesperadamente. Hoy en día, unos 70 países hacen este cambio de hora de invierno y verano.

El cambio de hora se hace exclusivamente para ahorrar energía, fundamentalmente la empleada en iluminación. Sin embargo, resulta difícil encontrar datos fiables y actualizados de este supuesto.

El ahorro del cambio de hora en cifras

Según algunos datos oficiales (IDAE, Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), el cambio de hora nos ayuda a ahorrar un 5% (otras fuentes no oficiales bajan este porcentaje a menos del 1%), equivalente por lo visto a unos 300 millones, de los que 90 millones corresponderían al consumo doméstico (unos 6 euros por hogar) y el resto a la industria o a la iluminación de edificios de servicios.

Sin embargo, el ahorro doméstico en muchos casos es algo relativo. La luz que no usamos a primeras horas del día al final la gastamos (al menos en parte) con esos atardeceres más tempranos y quizás habría que cuantificar un posible gasto extra en calefacción, ya que en muchos hogares se vive más bien durante la tarde.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, en los últimos años, los modelos de trabajo y de producción industrial han ido variando de forma sustancial (teletrabajo, liberalización de horarios, turnos solapados…), de modo que la necesidad de contar con una hora extra de luz durante la mañana en muchos casos podría no ser tan determinante.

Con los adelantes tecnológicos, los sistemas de iluminación cada vez más inteligentes,  automáticos y rentables, etc… hace pensar que quizás sea menos necesario el cambiar de hora dos veces al año.

¿Es necesario el cambio de hora?

 Se impone por tanto, una revisión de las estimaciones de ahorro que han permanecido inalterables desde principios de siglo.

También habría que tener en cuenta, que si los cambios de horario verano/invierno buscan de algún modo una mejora del “rendimiento industrial”, podría no resultar tan conveniente para el turismo, lo que motivó la decisión de Baleares de no sufrir el horario de invierno. Muchos turistas vienen huyendo de los tempranos anocheceres del invierno, y se topan con un ajuste horario que en absoluto les beneficia.

Cómo afecta a la salud el cambio de hora

 El cambio de hora del otoño 2017 puede tener consecuencias en la salud y el estado de ánimo. El estado de ánimo está muy relacionado con la presencia de luz solar. En otoño y en invierno, después del verano y los días largos pueden aparecer síntomas de tristeza, animo bajo, irritabilidad y ansiedad.

Y es que, a mayor cantidad de luz, mayores niveles de serotonina y mejor estado de ánimo. Cuando hacemos este cambio horario, anochece antes y puede que nuestro ánimo se vea afectado de forma negativa. Cada vez que nuestro ritmo habitual se ve modificado, nuestra salud se ve afectada por ciertas consecuencias, algunas en este caso similares a cuando tenemos jet lag. Está claro que el cambio de hora afecta según la sensibilidad de la persona, pero hay un colectivo especialmente vulnerable: los ancianos y los niños.

Para adaptarse de la mejor forma al cambio de hora es recomendable seguir una serie de consejos, como modificar el horario de las comidas al tener hambre más pronto, cambiar nuestros pensamientos negativos y descansar lo suficiente.

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